Ese Viejo Canto Nuevo (PARTE V)

LA NOCHE DE PONIATOWSKA

Por Ricardo Camarena

Si bien los temas de esta columna cantonovera hasta ahora han sido referentes a este movimiento musical latinoamericano de tremenda carga ideológica, hagamos ahora un paréntesis para referir la vida y obra de una escritora mexicana cuya obra periodística y literaria son recíprocamente proporcionales a la denuncia social, la rebeldía y el compromiso social que pululan en la lírica del Canto Nuevo. Por cierto, esta célebre escritora visitará Los Angeles en junio próximo.

Si de golpe nos refirieran a Helene Elizabeth Louise Amelie Paula Dolores Poniatowska Amor, podemos dejarlo sencillamente en Elena Poniatowska. Es decir, el nombre en corto de una de las más grandes escritoras nacionalizadas mexicanas quien -junto con otro mexicano, Octavio Paz, y su obra El laberinto de la soledad, desde la India- han sido quienes mejor han visto por dentro al ser del mexicano, con sus ojiclaros, también como los de Paz. Puede decirse entonces que Poniatowska es una Mujer de Ojos Grandes, mastrettianos, ojos nítidos como mirilla de microscopio para asomarse al alma de la paisanada mexicana, a pesar de la sangre polonesa. Son los mismos ojos telescópicos, de gran alcance, de la niña-mujer curiosa y “fresa”, cual periodista que es, que ve más allá de la simple atmósfera local. Es la mirada de Poniatowska impertinente ídem, cual furiosa activista feminista en pleno. Y son a la vez los mismos ojos claros, no serenos –y que me perdone Gutierre de Cetina- totalmente inquietos, de traviesa-latosa-niña malcriada, como la actitud de los personajes de sus cuentos, como Love Story.

La obra literaria y periodística de Poniatowska –descendiente del último rey de la Polonia precomunista, Stanislau II- es todo un colorido caleidoscopio social y sociológico por donde la autora se asoma sagazmente, con sus ojitos dormilones, al ser y esencia del mexicano universal. La escritora lo logra -lo mismo en forma de la irreverente y claridosa “Adelita”, Jesusa Palancares, en su novela Hasta no verte, Jesus mío- que en la galería exacta de personajes universales, sin mexicanidad salvo en algunos usos del lenguaje, de colecciones de cuentos como De noche vienes o Lilus Kikus.

La critica ha señalado con acierto acerca de la labor literaria y periodistica de esta escritora:

Poniatowska's works do not focus solely on political oppression and government ineptitude; her most celebrated novel, Until We Meet Again, exposes social injustice. The main character, Jesusa, is orphaned, beaten by her husband, unfairly denied a pension, and arrested several times. These misfortunes occur in part because she is poor and uneducated, but mostly because she is a woman. Jesusa's rebellious spirit keeps her afloat in this novel. A recurring theme in many of Poniatowska's fictional works revolves around the rebellious spirit of her female characters.
(La obra de Poniatowska no se enfoca solamente en la opresión política o en la ineptitud gubernamental; su más celebrada novela, Hasta no verte Jesús mío, expone la injusticia social. El personaje principal, Jesusa, es una huérfana, golpeada por su marido, injustamente se le niega la pensión, y es arrestada varias veces. Esos infortunios ocurren en parte porque ella es pobre y analfabeta, pero sobre todo porque es una mujer. El espíritu rebelde de Jesusa siempre se mantiene a flote en esta novela. Un tema recurrente en muchas de las creaciones literarias de Poniatowska giran en torno del espíritu rebelde de sus personajes femeninos).


Recuerdo el final de esta magnífica novela, que condensa el perfil irreverente de la exsoldadera Jesusa, cuando termina de relatar su historia a la reportera que puntualmente sube al cerro en su “Vochito” (VW sedán) para recopilar en el propio jacal de Jesusa ese testimonio autobiográfico: “Y ahora ya no chingue: Váyase y déjeme dormir”.

Por otro lado, la narrativa de Poniatowska refleja fiel, nítidamente, tanto al más íntimo mexicano como al personaje universal: “las emociones son las mismas en cualquier idioma”, diríamos, parafraseando a un protofilósofo tabasqueño contemporáneo, Fernando Muñoz León.

También Poniatowska, en doble labor literario-periodística, recopila testimonios sobre los sismos de septiembre de 1985 en la Ciudad de México, Nada, nadie, exhibiendo las fallas del gobierno de Miguel de la Madrid como la corruptela y la ineficiencia para manejar situaciones en un desastre mayor. La noche de Tlatelolco la precede como una obra magna donde asimismo los testimonios de los actores centrales en el movimiento estudiantil –líderes estudiantiles, trabajadores, amas de casa, gente de la calle, periodistas, analistas políticos- permiten divorciar irreconciliablemente la versión oficial y la versión presencial de dicha masacre el 2 de octubre de 1968.

A pesar de ser bien amada y respetada en el ámbito tanto literario como periodístico en Mexico, Poniatowska no queda exenta del criticismo y la polémica. Tiene que ser: todos los perros siempre le ladran a las bicicletas.

Critics find Poniatowska's works thought provoking and well written. Although some reviewers believe that Poniatowska includes irrelevant information in her writings, most believe the amount of detail she does provide gives readers a better perspective. Commentators agree that her use of the novela-testimonio produces insightful and provocative stories. Critics acknowledge that Poniatowska's love for Mexico and its populace is very apparent in her writing.

(Algunos críticos encuentran los textos de Poniatowska pensados para provocar y bien escritos. A pesar de que algunos reseñistas creen que Poniatowska incluye información irrelevante en sus escritos, muchos otros consideran que los abundantes detalles que ella provee les da a sus lectores una mejor perspectiva. Los comentaristas están de acuerdo que su uso de la novela-testimonio produce introspectivas y provocativas historias. Los críticos bien saben que el amor de Poniatowska por México y su población resulta muy evidente en su escritura creativa).


Como sea, la obra de Poniatowska ha recibido el reconocimiento de la crítica mexicana e internacional y se ha hecho acreedora a distinciones como el Premio Xavier Villaurrutia en 1971 por La noche de Tlatelolco (y que declinó porque el premio lo entregaría el entonces presidente mexicano Luis Echeverría Alvarez, presunto responsable intelectual por lo sucedido el 2 de octubre de 1968). Ha recibido además el Premio Nacional de Periodismo en 1979, el Premio Alfaguara de Novela 2001 por La piel del cielo, la Orden Nacional de la Legión de Honor, otorgada por el Gobierno de Francia, en 2004. Ha obtenido el Lifetime Achievement Award, International Women's Media Foundation (2006) y el premio Rómulo Gallegos en 2007 por su novela El tren pasa primero.

Todo esto es apenas la mejor provocación para los angelinos de todas las latitudes y preferencias literarias, para no perderse esta próxima visita de Elena Poniatowska a Los Angeles en junio próximo (ver mayores detalles en la sección Eventos de este sitio).
Así que, si pudiese sonorizarse la narrativa-crónica periodística de Poniatowska, el soundtrack algo arbitrario, pero pertinentenemente latinoamericanizado, bien pudiera ser:

1. Las casitas del barrio alto, Víctor Jara (Chile).

2. Casas de cartón, Alí Primera (Venezuela).

3. Que vivan los estudiantes, Violeta Parra (Chile).

4. Carabina 30-30, anónima, por Quilapayún (Chile-México).

5. 30-30, corrido anónimo, en voz de Oscar Chávez (México). Cantado en el mitin estudiantil ante la Rectoría de la UNAM, en 1968

6. El Huerto, de Roberto González, cantor del 68 (México)

7. A parir, madres latinas, de José de Molina (México)

8. El pueblo unido, jamás será vencido, Inti Illimani (Chile).

9. Venceremos, Inti Ilimani (Chile).

10. Un granadero, parodia de Los Nakos a la balada Un vagabundo.

11. Jacinto Cenobio, de Pancho Madrigal, en voz de Amparo Ochoa o Guadalupe Pineda (México)

12. A desalambrar, de Daniel Viglietti (Uruguay) o en voz también de Víctor Jara (Chile).

13. 19 de septiembre, Alex Lora y El Tri (México)

14. Distante instante, Rockdrigo González (fallecido en el terremoto de 1985) (México)

15. Sábado Distrito Federal, de Salvador “Chava” Flores (México)

…y otras canciones que el propio lector de la obra de Poniatowska podría en ese momento tararear, siempre con el sentimiento de rebeldía y redención social en mente.

 

 

 

 

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