Vale más un grito a tiempo que hablar a cada momento
Por Ramiro Gómez
Andamos de lleno en esa rebatinga que se traen los políticos de éste lado del río, que se quieren colgar las medallas de todos los héroes de la Independencia y a todo le ponen el nombrecito de “Bicentenario”. Da lo mismo que sea una carretera, un puente, una línea del Metro, un columpio en un parque, o un foco del alumbrado público, el caso es que relacionen las gestas heroicas del pueblo con el nombre del diputado, el alcalde, el gobernador o el presidente y en esa iconografía vacía se queda toda la memoria.
¿Por qué no ser creativos y festejar de manera diferente? ¿Qué tal sería que celebráramos -todos, los héroes y las luchas no son patrimonio de nadie en particular- a nuestros héroes siguiendo sus ideales aunque no les adornaran ningún árbol, ni les reventaran un cohete? Y no crean que es muy difícil, por ejemplo, José María Morelos y Pavón, fue mucho más que un cura con paliacate en la cabeza, el 14 de septiembre de 1813, allá por mis nostálgicas tierras guerrerenses, en Chilpancingo, lanzó sus proclamas que correspondían a los “Sentimientos de la Nación”, y que ahora que andan tan perdidos nuestros grillos viendo la manera de que nosotros paguemos los platos que ellos rompieron, no estaría de más que leyeran algunos de los puntos que dejó muy claritos Morelos, y que nos aclaran cabalmente el sentido de su lucha:
12.- Que como la buena Ley es Superior a todo hombre, las que dicte nuestro Congreso deben ser tales que obliguen a constancia y patriotismo, moderen la opulencia y la indigencia, y de tal suerte se aumente el Jornal del pobre, que mejoren sus costumbres, aleje la ignorancia, la rapiña y el hurto.
¿Entenderán esto nuestros laboriosos diputados y senadores? ¿Entenderán qué quiso decir el del paliacate cuando condenó la rapiña y el hurto? ¿Entenderán que cuando dice que hay que moderar la opulencia y la indigencia, es que no quiere que haya desigualdades tan profundas?
22.- Que se quite la infinidad de tributos pechos e imposiciones que más agobian, y se señale a cada individuo un cinco por ciento en sus ganancias, u otra carga igual ligera, que no oprima tanto, como la Alcabala, el Estanco, el tributo y otros, pues con esta corta contribución, y la buena administración de los bienes confiscados al enemigo podrá llevarse el peso de la Guerra y honorarios de empleados.
Ojalá y que Agustín Carstens, leyera este postulado, porque es lamentable que mucha celebración, mucho boato, mucha pompa, e igual la única salida económica para cubrir los fracasos de las administraciones, consiste en aumentar impuestos.
5.- Que la Soberanía dimana inmediatamente del Pueblo, el que sólo quiere depositarla en sus representantes dividiendo los Poderes de ella en legislativo, ejecutivo y judiciario, eligiendo las Provincias sus vocales, y estos a los demás, que deben ser Sujetos sabios y de probidad.
Y en esto sí que tenemos todos parte de la culpa porque cuando nos ha tocado elegir no le hemos hecho mucho caso a Don José María, o ¿cuántos de nuestros representantes electos por el pueblo son “Sujetos sabios y de probidad”? En fin, los invito a que retomen a través de la lectura el verdadero sentido de las luchas que intentaron darnos patria y libertad.
Les mando un saludo y si alguien quiere escribirme meiléenme aquí: rgomez_1951@hotmail.com
Su amigo, Ramiro Gómez.
